poesia

“Rueda la música en la calle, hay voces,
y risas, y estallidos, y alboroto.
El vino lo va haciendo más remoto,
serénate, alma mía, no solloces.

¿Qué hay de especial en esta noche? Nada.
El gentío se aturde, se anestesia,
volviendo luego a recordar. Mi amnesia
continuará despierta a la alborada. ”

“Me he encontrado con las lágrimas amargas
de tus noches de temores y recelos,
y no sabes que mis noches son tan largas,
con idéntica tristeza y desconsuelos.”

“Antes de ti, yo, sin pensar, dormía.
Desde que a mí viniste, precisaba
pensar en ti para quedar dormido.

Y ahora la noche es dura travesía
que no me lleva al sueño, y no se acaba,
pensando en ti, desde que te he perdido.”

“Regresan las cigüeñas al campanario,
también las golondrinas a los balcones,
desciende de las nubes el visionario,
retornan a sus bases los galeones,
pero no reaparece en el calendario
la fecha malgastada. Las ilusiones
que murieron con ella no resucitan,
perecederas rosas que se marchitan.”

“En tu hornacina estás, Venus de Milo,
incapaz de abrazar, siendo tan bella,
fría como su mármol, sólo estilo,
y tan sola, tan sola como ella.”

“Con sueños de cristal y luz me sueñas,
tan claros y tan frágiles, tan bellos;
y yo te sueño en brisas y destellos,
a pleno sol y en sombras hogareñas.

Hay en la ensoñación más que utopía,
más que trivialidad, más que visiones,
los sueños son rosal de obligaciones
que deben germinar día tras día. ”

“Invéntame serenos madrigales
que nadie haya escuchado, carabelas
que nunca el mar surcaran, robledales
sin voces y sin huellas, callejuelas
de silenciosas casas medievales
que alguien plasmar pudiera en acuarelas.
Canta, navega, merodea, explora,
mi dulce amante de alma soñadora. ”

“Tiene la luz mil dedos; con todos me acaricia;
para ella me desnudo, y a su tacto me entrego.
Ay, que tu mano duerme, que no se beneficia
de este ávido momento que no precisa ruego. ”

“Me recliné, mirando a la distancia,
en la baranda del embarcadero,
y percibí en la brisa la fragancia
que tiempo atrás en ti advertí primero.
Graznaban en confusa discordancia
blancas gaviotas. Lejos un velero…
Y al deslizar mi mano a tu cintura
sólo abracé vacío y desventura.”

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